Nota: Era la serpiente quien comía a la lagartija, no yo.
Lunes, 3pm, tarde calurosa en Sol de California, el pequeño pedazo de mundo donde vivo.
El día transcurría en forma normal y recordé: “no le he contado a Yesenia sobre el idiota policía que se tiró un balazo al pie mientras hablaba sobre el peligro de las armas con los alumnos de una escuela. Voy y se lo digo.”
Estaba caminando por mi patio y noté un patrón extraño en el piso, como un pedazo de soga que en uno de los extremos tenía algo ligeramente abultado … que se movía.
Los ojos son más rápidos que el cerebro a veces. Aún cuando la diferencia sea unas pocas milésimas de segundo, el momento puede parecer eterno: ¡era una serpiente comiéndose una lagartija! Por la cabeza y en mi patio.
Un ofidio de aproximadamente 60cm. de longitud, y digo aproximadamente pues no tenía la más mínima intención de tomarle las medidas a Miss Anaconda. Tenía la cabeza de una lagartija, bien gordita por cierto, dentro de su boca.
¿Qué pensé y sentí en ese momento? Pues obviamente sentí asco. Una cosa es ver el Discovery Channel y otra tener a los bichos en casa. Da miedo, lo reconozco.
- “¡Yesenia!", llamé.
- “¿Qué pasa?", respondio ella desde la cocina.
- “Ven. Rápido. ¡No. No vengas! Quédate allí. Beatriz, tú también, dentro de la casa.”
- “¿Qué? ¿Qué pasa?", repetía Yesenia.
- “Tenemos una serpiente comiendo una lagartija … aaghh … que horrible carajo …”
- “Mátalas pues, ¡mátalas!", me aconsejaba mi amada esposa al momento que cerraba la puerta de la cocina y me dejaba solo, e indefenso, en este pequeño, e improvisado, Jurassic Park casero.
Mientras pensaba como mataría a la serpiente, pues la lagartija estaba ya más muerta que la izquierda en el Perú, recordé algo que me aterrorizó por completo: ¡no tenía mi cámara!
Así, pues, en medio de los gritos hollywoodescos de “¡mátalas!, ¿donde vas? … no seas idiota … !mátalas ya!", que profería mi heroina desde su hermética cocina anti-serpientes, fuí en búsqueda de mi ya viejita, pero aún fiel, Olympus D-380.
Capturaría el momento para la posteridad.
“Esto se verá muy bien,” pensaba mientras tomaba las primeras fotos, y la horripilante cosa seguía moviéndose, me refiero a la serpiente, sin saber lo que le esperaba: aparecer en un blog. Oh, y morir claro está.
- “Ya mi amor, tranquila, todo está bien … sólo un par de fotitos más. No todos los días tenemos serpientes comiendo lagartijas en casa,” rebotaban mis palabras contra la puerta de la cocina mientras veía los ojitos de Yesenia inyectados de rabia (no sé si contra la serpiente o este blogger) por el cristal.
- “¡Agarra la pala! Está por allí atrás,” me dijo.
- “Ok … ok …”
- “¡Dale en la cabeza!”
Claro, es fácil decirlo: “Estimado Alexis, ¿podrías por favor coger esa pala y con todas tus fuerzas golpear y cercenar el cuello (¿es un cuello?) de la serpiente que se está comiendo una lagartija gorda en mi patio. ¡Oh!, y no me ensucies mucho el jardín por favor.”
¿Que si lo hice? Pues claro que sí. Afortunadamente había estado charlando con mi hermano un par de horas antes sobre Hostel, la película de Eli Roth, y pude entrar rápidamente en el personaje del tipo que corta a otras personas en pedazitos.
Levanté mi pala; aguanté las nauseas y respiración; apunté un poco más abajo de la cabeza de Anaconda Jr., y asesté el golpe mortal. Bueno, en realidad no. No fue mortal.
Nuestra reptil amiga se contorsionó, no soltó a su presa y empezó a arrastrarla. La maldita cosa quería escapar. Deberían haber visto como movía su cola. Era …. bueno … asqueroso.
En ese momento decidí que Hostel no sería suficiente inspiración para esta misión. Así que recurrí a mis recuerdos de los momentos más sanguinarios de Saw, Texas’s Chainsaw Massacre, Wax House y otras idioteces que nos lanzan en el cine, que odiamos pero igual vemos, y cual Hercules moderno empuñe mi espada-pala y golpee todo lo que pude a la bestia. ¡¡Muereeeeeee!!
La cosa soltó a la lagartija al golpe número cinco, tenaz la desgraciada, en medio de sangre, pedazos de carne y una sustancia amarilla de aspecto cremoso que brotaba por cada uno de los orificios que tenía en el cuerpo.
El cuerpito inerte de la lagartija cayó a un lado. “Al menos tendrá un entierro decente,” pensé.
Siempre hemos tenido lagartijas en casa, nunca se meten con nosotros ni nosotros con ellas. Claro, desde el día que descubrimos que al aplastarlas dejan una mancha de color rosado en el suelo, que es muy dificil de limpiar decidimos que es mejor dejarlas pasear. Y aparentemente se comen a los alacranes. Pero esa es otra historia.
Necesité al menos veinte golpes de pala para que mi querida esposa pueda declarar: “Ya. Ya está muerta.” Gracias mi amor por recordármelo. Con toda la sangre y pedacitos de culebra no lo había notado. Hora de la muerte: 15: 13pm.
Eliminada la amenaza pude tomar unas cuantas fotos más.
Me tomó un par de minutos poder acomodar los cadáveres para luego deshacerme de ellos. ¿Suena tétrico no?
La cola de la serpiente aún se movía cuando arrojé los restos a cincuentra metros de mi casa. No fue tan decente el funeral de la lagartija después de todo.
Así pues. Un día más en esta vida rodeado de naturaleza, sol y bichos que no respetan la propiedad privada.
Yoda dijo una vez “Dos siempre hay, no más, no menos: un maestro y un aprendiz.” Espero haber matado a la serpiente aprendiz. Si no fue así tendré, que comprar una pala más grande y sentarme a esperar la visita de la siguiente.